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Empatía selectiva

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Columna de Marcela García Caballero

Soy de las que creo que la única forma de construir la paz es hablando con la verdad, no hablando con una a medias. Y la verdad es que este país está construido sobre una base de grises que ahora quieren volver ‘blancos y negros’, y peor aún, quieren obligar a que a las futuras generaciones se les enseñe un solo lado de la historia, uno que deja muy mal parado a quienes tienen la misión de protegernos, y que por el contrario, le da validez a los actos vandálicos y terroristas de los grupos al margen de la ley.

Es curioso cómo funciona la empatía de algunos, es curioso cómo se despiertan y cómo se duermen los sentimientos de indignación, rabia e injusticia, dependiendo de quién estemos hablando, y es curioso que vivamos en un mundo al revés. Es curioso por no decir peores palabras, pues resulta ilógico que tantos hablen de empatía cuando se trate de líderes sociales o de miembros de la tan cuestionada ‘primera línea’, pero inmediatamente se olviden de ella cuando se hable de los asesinatos hacia policías y miembros de las Fuerzas Armadas de Colombia. 

Quisiera saber lo que estaría pasando en un país como Estados Unidos, por ejemplo, si un grupo terrorista al margen de la ley se dedicara a asesinar a las personas que tienen la labor de protegernos. Quisiera saber cómo lo tomaría la población, cómo lo tomarían los medios de comunicación, y cómo lo tomaría un gobernante electo. Lo más probable es que el país estuviera de luto, y la gente estaría en las calles exigiendo que los héroes de esta Patria sean protegidos por el Estado. 

Pero no, vivimos en la ‘Colombia Humana’ que es ‘humana’ con condiciones, pues aparentemente, los policías y sus familiares no son considerados ni seres humanos ni colombianos, y por el contrario, lo que se quiere hacer es educar a las futuras generaciones para que odien a la Fuerza Pública y defiendan a los narcoterroristas quienes durante más de cincuenta años lo que querían era ‘velar por los campesinos’ de este país. Literalmente, el mundo al revés. 

Soy de las que creo que la única forma de construir la paz es hablando con la verdad, no hablando con una a medias. Y la verdad es que este país está construido sobre una base de grises que ahora quieren volver ‘blancos y negros’, y peor aún, quieren obligar a que a las futuras generaciones se les enseñe un solo lado de la historia, uno que deja muy mal parado a quienes tienen la misión de protegernos, y que por el contrario, le da validez a los actos vandálicos y terroristas de los grupos al margen de la ley. Lo siento, pero las cosas como son: podemos querer la paz, pero no vamos a aplaudir las mentiras. 

Si comenzamos a editar la historia, pronto nos tocará hacerle ‘un saludo a la bandera’ del M-19, y casi que terminar por darles las gracias por haber incendiado el Palacio de Justicia, por haber asesinado a tantos civiles, y por el terror que fundó en los colombianos durante años. Si continuamos editando la historia, terminaremos por ‘cancelar’ a todo uniformado que veamos, y terminaremos castigando a los miles que han entregado casi que sus vidas por protegernos de la delincuencia. Si continuamos editando nuestra historia, se le otorgará con gusto el ‘perdón social’ a los bandidos, y se pondrán tras las rejas a los que nos defienden. 

Yo no sé si te pase querido lector o lectora, pero a mí sí me duele que nuestra Policía Nacional en este momento sea un blanco para que los terroristas obtengan lo que quieren, y me aterra ver que vivo en un país en dónde a millones esto les sabe a mierda. 
Porque así las cosas, pronto el mundo estará completamente al revés, y todos estaremos de cabeza.

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