Home Nacional Así son las peleas en el gabinete del Gobierno Petro que están poniendo en riesgo los sistemas del país

Así son las peleas en el gabinete del Gobierno Petro que están poniendo en riesgo los sistemas del país

by admin

Tomado de: El Colombiano

Dentro del Gobierno hay varios funcionarios que no se hablan entre sí, tienen distancia y diferencias que han trascendido en las últimas semanas. ¿Qué están haciendo los tomadores de decisiones para gobernar?

En el Gobierno del presidente Gustavo Petro ha sido difícil cumplir con la orden de la Constitución que señala que los poderes deben trabajar de forma armónica. Pero lo ha sido mucho más al interior de su propio gabinete y en las divisiones de las entidades del ejecutivo que toman las decisiones más importantes.

La discusión entre el ministro de Salud, Guillermo Jaramillo, y el presidente de la Fiduprevisora, Mauricio Marín, es solo una muestra de lo que viene pasando desde hace varios meses y que ha generado un ambiente de tensión en las reuniones de alto nivel, las comunicaciones entre funcionarios y las determinaciones en las ausencias del propio mandatario.

“Después hacemos lo que el presidente dice, ahora no hay necesidad de amarrar las cosas (…) Si usted me echa la culpa a mí, yo le echo la culpa a usted (…) que venga también el ministro de Hacienda y ponga el culo”, le dijo Jaramillo a Marín en un audio que se volvió escándalo en todos los medios en una reunión el 7 de mayo, cuando apenas el Gobierno llevaba una semana de la transformación del sistema que cubre la salud de alrededor de 900.000 profesores, aparentemente sin el alistamiento necesario.

La grabación expone una falta de coordinación entre carteras para garantizar la atención de cientos de miles de personas en todas las regiones, por la falta de capacidad de la Fiduprevisora y el Fondo del Magisterio.

En el contexto, el Gobierno decidió iniciar con un nuevo modelo para la prestación del servicio de salud como si se tratara de un experimento y para eso terminó los contratos que el sistema independiente de los maestros tenía con operadores que hacían las veces de intermediarios como las EPS para definir las redes de los hospitales y clínicas que atienden a los maestros.

La consecuencia es que de un día para otro los profesores se quedaron sin autorizaciones para servicios y medicamentos porque la Fiduprevisora no estaba en la capacidad de definir las redes, concentrar la información y garantizar la atención. Rápidamente llegaron las quejas, se desbordó el sistema y vinieron las protestas. Tras esa primera fase, vino la discusión de Jaramillo y Marín que involucró también al ministro de Hacienda, Ricardo Bonilla, encargado de los recursos.

Pero no es la única pelea. Desde antes de que Laura Sarabia volviera al Gobierno como directora del Departamento de Prosperidad Socia (DPS), era claro que había diferencias puntuales entre Carlos Ramón González, entonces jefe del Departamento Administrativo de Presidencia (DAPRE) y uno de los excopresidentes del Partido Verde, y la joven consejera del presidente que terminó rápidamente sucediendo a González en el Dapre..

Fuentes aseguran que Sarabia consideraba que González no estaba organizando bien al Gobierno. La exasesora de Armando Benedetti terminó llegando a ese cargo en Palacio al lado del presidente, a quien acompaña de cerca y volvió a configurarse como la mujer con más poder en la administración. En ese enroque salió González a la Dirección Nacional de Inteligencia (DNI) y terminó mencionado en el escándalo de la Unidad Nacional de Gestión del Riesgo.

Cuando se estaba realizando y ejecutando el contrato corrupto de los carrotanques para La Guajira en octubre del año pasado, González estaba a la cabeza del DAPRE y en la Cámara se debatía la reforma a la salud que terminó pasando en plenaria con el congresista Andrés Calle como presidente de la corporación. Calle terminó acusado por Sneyder Pinilla de haber recibido 1.000 millones de pesos de los contratos de la Unidad. Hasta ahora el actual director González no ha salido del ejecutivo, aunque ya fue a declarar citado por la Corte Suprema de Justicia en el caso.

La otra pelea de quilates es entre el ministro de Hacienda, Ricardo Bonilla, y el actual director de la DIAN, Luis Carlos Reyes. Aunque esta no ha sido tan pública, fuentes en el sector confirmaron que ambos funcionarios no tienen la mejor impresión el uno del otro y no se comunican de manera coordinada.

Esto es importante porque la DIAN es la entidad encargada de recaudar los impuestos, cuya asignación define luego la cartera de Hacienda.

Por eso la armonía entre ambos funcionarios y la comunicación diáfana debería ser la regla. En las últimas horas, se conoció que el ministro de Comercio, Germán Umaña, uno de los funcionarios más respetados del Gobierno, abandonará su cargo. Y a esa cartera llegaría Reyes dejando la DIAN. Es la misma historia. El Ministerio de Comercio necesita un trabajo estrecho con Hacienda para garantizar presupuesto suficiente, por ejemplo hacia ProColombia y otras entidades encargadas de hacer los negocios con el sector privado y vender la marca país.

En la misma línea están el actual director de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo, Carlos Carrillo, y el exalcalde de Medellín, Daniel Quintero, quien también tiene de enemigo dentro del Gobierno a Gustavo Bolívar, el hoy director del DPS. Tanto Carrillo como Bolívar han acusado a Quintero de querer realizar manejos irregulares con cuotas políticas en entidades del Ejecutivo.

Específicamente en la UNGRD está claro que varias personas que trabajaron en la administración de Medellín terminaron con contratos por prestación de servicios o de asesoría en la Unidad en una puerta giratoria sin ninguna explicación, además de los giros que se pararon a Corantioquia y CorpoUrabá en donde tienen gran poder político Julián Bedoya y Carlos Andrés Trujillo.

Si bien el exalcalde no hace parte del Gobierno -ha dicho que el presidente le ofreció ser ministro de las TIC- sí tiene una influencia probada en Palacio y varios congresistas de su movimiento suman para los votos que el presidente necesita en las discusiones de las reformas. Algunos de ellos son Alejandro Toro, Álex Flórez y Susana Boreal.

Las peleas dentro del Gobierno no son una novedad. Al principio del periodo del presidente hubo una enorme crisis por la discusión que trascendió entre Laura Sarabia y el entonces embajador de Colombia en Venezuela, Armando Benedetti. Ambos salieron de sus cargos por escándalos que hoy siguen siendo investigados y regresaron, en el caso de Sarabia, a la Casa de Nariño, y, en el de Benedetti, lejos en la embajada ante la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura en Italia.

Benedetti, a su vez, tenía una controversia pública con el excanciller Álvaro Leyva que lo llegó a llamar “drogadicto al que no se le debe creer”. Y, luego, Hollman Morris y Nórida Rodríguez protagonizaron otra pelea por el control de RTVC que terminó ganando Morris y cobrando la cabeza de Rodríguez. Esa pelea dejó al sistema público de medios del Estado y a decenas de empleados en la incertidumbre por varios meses.

La secuencia de desencuentros no es normal en el desarrollo del Gobierno y, para muchos críticos del presidente, revela una incapacidad del mandatario de ejercer el liderazgo y organizar un equipo que pueda consolidarse, mientras que en la mitad están los sistemas del país como el de salud para los maestros, hoy en una crisis creciente por las discusiones de los funcionarios del mandatario que no tienen punto final.

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