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Crónica de una muerte anunciada

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Héctor Tercero Merlano Garrido

Lo que hoy ocurre en México —esas manifestaciones multitudinarias que estremecen al país— bien podría servirnos de espejo, de advertencia y de anticipo. Porque lo que allí sucede encaja en una “Crónica de una muerte anunciada”: la resistencia de un pueblo cuando percibe que la institucionalidad está siendo cooptada por un proyecto político de corte socialista, siguiendo un libreto demasiado parecido al que destruyó a Venezuela.

Todo se origina igual: una clase política históricamente corroída por la corrupción, que durante décadas agotó y encegueció al ciudadano, como también ocurrió en Colombia pese a su larga tradición democrática. Esa indignación acumulada se convierte en terreno fértil para discursos populistas presentados como redentores, para promesas agitadas en nombre del “cambio”, para relatos fundados en resentimientos del pasado y para ofertas tentadoras de reparación moral.

Detrás de ese discurso se ocultan las mismas tácticas: adoctrinamientos disfrazados de movilidad social, gestas heroicas de “transformación”, palabras cuidadosamente escogidas para adormecer paulatinamente a la población.

Y mientras las masas son seducidas con consignas, el verdadero poder se reconfigura por dentro: ejército, policía, fuerzas navales y organismos de seguridad empiezan a ser permeados mediante cooptaciones silenciosas, ascensos selectivos, lealtades compradas y estructuras armadas paralelas. Lo que antes era la columna vertebral de la seguridad pública corre el riesgo de convertirse en un apéndice político del régimen de turno.

Por eso, las elecciones de 2026 en Colombia no serán una contienda más. Son un punto de quiebre definitivo. De su resultado dependerá la continuidad de nuestra institucionalidad democrática, el equilibrio de poderes, la independencia de las fuerzas armadas y la preservación —o pérdida— de las libertades públicas.

Colombia enfrentará dos caminos:
repetir la tragedia venezolana o impedir que se consume el deslizamiento hacia un modelo de dominación irreversible.

Las calles mexicanas hoy nos muestran el preludio. El desenlace colombiano, como toda crónica anunciada, dependerá del despertar ciudadano antes de que sea demasiado tarde.

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