Por algún atavismo que ni sus más conspicuos historiadores han podido hallar, Manizales, la ciudad que se volvió orgullo nacional por su empuje a lo largo del siglo XX para reconstruirse luego de tres incendios mayúsculos ,ha caído en los últimos años en una atonía intelectual y empresarial que ya linda con la sinvergüencería. Enfrascados en una batalla por seguir conservando unos símbolos de poder frente a Pereira y Armenia, insisten descaradamente en seguir botando plata de los impuestos de los colombianos en la locura inmarcesible de construir un aeropuerto de solo 1.500 metros de pista, donde quizás nunca lleguen aviones. Parapeteados en ideas que podrían haber surgido como geniales cuando se llegaba a Manizales en mula y se pensaba desde la incomodidad de una angarilla, o cuando se hacían cuentas con papel y lápiz, pero que ahora han sido revaluadas cuando en timpos de la IA se llega en autopistas de doble calzada ,prefirieron volverse sinvergüenzas y convert ir en renta eterna el deseo territorial de tener aeropuerto en Palestina. Acaban de adjudicar otra vez la misma obra ,en el mismo sitio donde han fracasado dos intentos anteriores y,por medio de una licitación pervertida a la única firma que hubo llenándola de alamares para que fuera legítima en su empeño. Y como para volver necesario el aeropuerto necesitan retroceder en el tiempo y la única manera es sabotear la Autopista del Café que lleva de Manizales a Armenia y Cartago, se han dejado conducir por un personajillo que más parece duende que congresista y quien se jacta de haber podido conseguir con Petro que le volvieran a dar 600 mil millones de nuestros impuestos para Aerocafé ( su fundo burocrático) y que ahora pretende convencerlo que no renueve la concesión de la Autopista del Café, y no se vuelvan a cobrar peajes porque el Invías puede mantenerla en funcionamiento
Gustavo Alvarez Gardeazábal
El Porce,febrero 19 del 2025
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