Otra gran mentira de Gustavo Petro.
Por: Julio César Quintero Gómez.
En los últimos meses el gobierno y sus seguidores repiten como un mantra que *“ya se pagó la deuda del Fondo de Estabilización de los Combustibles”.* Lo dicen con tono épico, como si hubieran salvado al país de una bancarrota inminente. Pero la realidad es mucho menos heroica y mucho más simple: esa deuda, tal como la presentan, nunca existió.
El llamado Fondo de Estabilización de Precios de los Combustibles (FEPC) *no era un banco, ni un acreedor, ni un organismo multilateral, ni una entidad a la que Colombia le debiera plata real*. Era, en esencia, *una figura contable* creada hace varios gobiernos para suavizar las variaciones del precio internacional de la gasolina y el diésel en el mercado interno.
¿En qué consistía? En algo muy sencillo:
Cuando el precio internacional del combustible subía mucho, el fondo *amortiguaba* ese aumento para que no golpeara de manera brutal a los consumidores y a la economía.
Cuando el precio internacional bajaba, se *recomponía contablemente ese diferencial*.
Eso es todo. *No había un cheque pendiente con nadie. No había un acreedor esperando pago. No había una deuda financiera en el sentido real de la palabra.*
Lo que había era un *desbalance contable interno* dentro del propio Estado, entre lo que Ecopetrol transfería y lo que el gobierno reconocía como precio de referencia. Un asiento contable. *No una deuda externa. No una obligación financiera exigible por terceros.*
Decir que “se pagó esa deuda” es como decir que una familia “pagó” un hueco contable entre dos bolsillos del mismo pantalón.
Más aún: en Colombia la gasolina *no es cara de producir*. Colombia es productor de petróleo. La gasolina *nos cuesta mucho menos extraerla*, refinarla y distribuirla de lo que le cuesta a países que la tienen que importar. Lo que hacía el FEPC era, básicamente, *llevar artificialmente el precio interno hacia un precio de referencia internacional*, no porque ese fuera nuestro costo real, sino como una decisión de política fiscal.
¿Para qué? *Para recaudar más. Para cobrar más impuestos disfrazados de “precio técnico”.*
Pero lo que ha hecho este gobierno va mucho más allá: no solo eliminó el mecanismo de amortiguación, sino que llevó *el precio a niveles absurdos y exagerados.*
Hoy, los colombianos estamos pagando una de las gasolinas *más caras del mundo.*
Más cara que en Estados Unidos. Más cara que en Inglaterra, España, Francia, Italia, Alemania o Suiza. Mucho más cara que en casi toda América Latina.
¿Tiene eso alguna justificación económica seria en un país productor de petróleo? *Ninguna.*
No es que estemos pagando “lo justo”. No es que estemos pagando “el costo real”. *Estamos pagando un sobreprecio fiscal para tapar huecos de un Estado mal administrado, derrochón e ineficiente.*
Y aquí está el punto central: *no se pagó ninguna deuda.*
Lo que se hizo fue subirle masivamente el precio a la gasolina a todos los colombianos y usar ese mayor recaudo para *financiar más gasto público.* Gasto que, en nuestro caso, no se traduce en más inversión, más infraestructura o mejores servicios, sino en *más burocracia, más clientelismo y más despilfarro.*
Vender esto como una hazaña fiscal es una *manipulación del lenguaje.* Es propaganda.
Lo honesto sería decir:
“Subimos brutalmente la gasolina para *sacarle más plata al bolsillo de los colombianos.”*
Pero eso suena menos heroico.
El resultado es claro:
*Se encareció el transporte. Se encarecieron los alimentos. Se encareció toda la cadena productiva. Se golpeó directamente a la clase media y a los más pobres.*
Todo, sin que exista ni haya existido jamás una *deuda real* con nadie por ese concepto.
*La gran mentira no es solo técnica. Es política pura en este año de elecciones.*
Y como casi todas las mentiras fiscales, *la terminan pagando los ciudadanos.*
