Home Opinión Por sus encuestas los conoceréis

Por sus encuestas los conoceréis

by admin

Por Fernando Alvarez

Las encuestas se han convertido en un referente de lo que quieren sus patrocinadores más que en un muestreo real de la voluntad popular

En Colombia todo el mundo vive pendiente de las encuestas. No hay nadie que sienta que exista algún terreno firme para tomar decisiones y de alguna manera escépticos y entendidos quisieran saber, como Vicente, para dónde va la gente. Hoy campea la incertidumbre, no solo sobre lo que realmente quieren los colombianos sino respecto de lo que quiere el gobierno, aún con las propias elecciones. Pero con fe de carbonero y haciendo de tripas corazones todos quieren conocer los resultados a ver si se vislumbra una luz al final del túnel, o si de repente emerge alguna claridad que indique tendencias o simpatías de los electores, a pesar de que la sensación que reina es la de confusión total. Y como en los partidos de la selección Colombia donde todos después de una pola se vuelven técnicos, en política todos terminan analistas luego de un shot.

Apenas se anuncian los resultados de una encuesta se genera una especie de tensión masculina equivalente a la femenina cuando llega el final de una telenovela. Y hasta se ha vuelto motivo de reuniones sociales compartir un trago a la hora de la publicación nocturna de la última encuesta. Lo irónico de esta expectativa generalizada que llega casi a una efervescencia especulativa es que nadie les cree seriamente. Los primeros que no les creen son los propios candidatos y en particular los que marcan al borde del 1%, porque sí les creyeran por decoro hace rato habían tirado la toalla. Los punteros les creen a medias porque lo hacen cuando sienten que les favorecen. Y en una coyuntura tan polarizada en la que todo se resume en que la final será entre el que diga Uribe y el que diga Petro, pues los del centro sí que menos van a creer.

Peor aún sí no logran comprender que la tensión de las fuerzas centrifugas de dos polos coloca al centro casi siempre en un efecto licuadora. A menos de que en el centro hubiera surgido una figura felina con capacidad de enfrentar los verdaderos tigres que polarizan, Alvaro Uribe y Gustavo Petro, quienes se acusan mutuamente de ser la extrema contraria así no lo sean, el centrismo tiende a desaparecer, tanto en las encuestas como en el hipotálamo colectivo. Que no se crea en las encuestas es apenas normal, en un país donde no hay en quien creer. Se compran jueces, se compran elecciones, se compran fallos, se compran curules, se compran títulos universitarios, se compran puestos en aduanas, en el Inpec o en las secretarias del Congreso, por qué no se van a comprar encuestas.

De hecho, esa fue la intentona del papá de Miguel Uribe Turbay, por lo que lo echaron del Centro Democrático. Y por la misma razón acaba de renunciar a ese partido uno de los mayores símbolos de la derecha y del uribismo pura sangre, el líder ganadero José Félix Lafaurie, quien piensa que no se compraron la encuesta, pero sí maniobraron la consulta interna, que es como una prima de las encuestas. En todo caso con el dolor del alma abandonó el barco uribista y se fue con El Tigre Abelardo de la Espriella, no sin dejar constancias sobre que en el proceso de su colectividad hubo gato encerrado y le hicieron conejo a María Fernanda Cabal, y que al final el propio Uribe es responsable.

Hoy la preocupación no es el fraude electoral, como en las viejas épocas en las que el Cura Camilo Torres Restrepo llamaba a la abstención activa y beligerante porque se impuso con vehemencia la frase “El que escruta elige”.

Sin embargo en la actualidad se percibe que el que encuesta manipula y que esa es la apuesta del que las paga. No de otra manera se puede entender una encuesta como la de Invamer, que parece sacada de la manga, al poner al candidato petrista doblando al candidato uribista, cuando venían en franca lead forcejeando en un auténtico tete a tete, cuando menos con un empate técnico, unas veces en favor de Iván Cepeda y otras en favor de Abelardo de la Espriella. Números y emociones que a la luz de la lógica matemática del candidato del centro, Sergio Fajardo, resultan razonables, aunque no respondan a la verdad sociológica. Pero que de la nada y de la noche a la mañana aparezca uno doblando al otro, sin que haya mediado un fenómeno que sacuda el cotarro político, despierta muchas dudas.

Y con mayor razón si un día después sale la otra encuesta en la que se mantiene el empate técnico y las cifras se parecen a las tendencias anteriores. Por eso el candidato que más cifras maneja, por su experticia en el DANE, Juan Daniel Oviedo, dijo sabiamente “que paridera las encuestas” porque el tema curiosamente que está en juego es la credibilidad, la cual se pretende suplir con el show mediático que generan las propias casas patrocinadoras. Las encuestas teóricamente son mediciones callejeras con gente de a pie, pero nadie conoce a nadie que haya sido encuestado alguna vez. Los encuestados en la calle han de ser desempleados porque los que trabajan están siempre en sus sitios de trabajo. Y sí es telefónica los pobres ya no tienen teléfono fijo y en las casas de la clase media hay contestador cuando no muchacha del servicio.

Sí las encuestas se hacen en las universidades hasta en las de los ricos gana Cepeda, pero si se hacen en la calle con los desempleados gana El Tigre porque allí se condensa el descontento popular. El factor del aumento del salario mínimo a 2 millones favorece fundamentalmente a los trabajadores oficiales y esos desde luego están con el gobierno de turno. Pero los desempleados quedaron fuera de concurso porque con ese aumento nadie los va a contratar. El tema de la credibilidad ya ni siquiera es un asunto que preocupe. Los nuevos amos del juego electoral lo saben y cabalgan en el espectro emocional. Las redes se han encargado de relativizar la verdad y de mimetizar la mentira. Las noticias falsas son utilizadas por los contrincantes sin temor a quedar mal o caer en las redes de los desprestigiados. Hoy se difunde la mentira y el costo de la aclaración es más barato.  Se gana con la lógica de calumniá que de la calumnia algo queda, que por costumbre se impuso ante el rigor y el pudor.

La idea un poco cínica es que eso después se aclara o se explica, pero la clave es que de momento dé el golpe de opinión. Algo como lo que hacen las empresas que prefieren pagar las multas porque costo beneficio les sale mas rentable pagar sanción después de que la infracción haya producido sus dividendos. Hoy por ejemplo hay 3 docenas de periodistas femeninas simpatizantes de la izquierda que increpan al expresidente Andrés Pastrana por haber tenido contactos con un depredador sexual a nivel mundial y le exigen que dé a conocer toda la verdad de su relación con este personaje. Y todas a una asumen que Pastrana abusó a menores porque recibió un regalo del pedrastra. Pero es curioso que esas mismas mujeres periodistas no hayan exigido con la misma vehemencia a personas afectas al gobierno de Petro que han maltratado mujeres, violentado a sus compañeras y ejercido la violencia de genero o mostrando su visión misógina del poder.

Aquí la verdad tiene sesgo político y pierde la perspectiva de la credibilidad. Lo mismo hacen malabares los periodistas filomamertos que les parece escandaloso que no aparezcan unas grabaciones en la Fiscalía que supuestamente daban cuenta de indelicadezas del candidato uribista mientras que normalizan que los chats de un teléfono del candidato petrista se hayan borrado mágicamente o que las conversaciones y grabaciones del computador del comandante guerrillero Raul Reyes no hayan sido consideradas por una Corte que decidió prejuiciosamente invalidarlas como prueba, con el argumento de que fueron obtenidas de manera irregular, con lo cual fue evidente el sesgo con el que se priorizó la forma por encima del contenido.

En todo caso las consultas y las encuestas en un país como Colombia reflejan más la capacidad que se tiene para hacerle el esguince a los resultados que la escueta verdad sobre las intenciones del voto popular. Y con serias dudas sobre la transparencia y la validez de sus algoritmos terminan más dando de que hablar que orientando a la opinión que es en donde se concentran. En un país donde la trampa llega primero que la ley, la mentira se repite hasta volverla verdad y la experticia se empeña más en el parecer que el ser, cualquier herramienta se vuelve un arma, es decir un peligro depende quién la use. La encuesta de Invamer parece un favor al gobierno porque pone a Iván Cepeda ganador absoluto y le baja el moño a Roy Barreras. Sube de golpe y porrazo a Claudia López y baja de un mamonazo a Sergio Fajardo. La pregunta en las encuestas hoy no es quién gana sino a quién le sirve el resultado.         

También te puede interesar

Leave a Comment