Crónica 1379 de Gardeazabal
El informe que acaban de presentar Eafit y Uniandes sobre el peso del negocio de la cocaína en el PIB eleva a 16.500 millones de dólares el producido actual, pero es una cifra imaginada porque salvo alguna suma y resta truculenta en los balances del Banrepública, no hay forma de hallar respaldo a esos datos distinto al de creer en las 300 mil hectáreas sembradas e inventarse la productividad de las mismas.
Solo sabemos que tales dólares deben lavarse por alguna parte, ya sea en Ecuador, en las casas de cambio o en las redes bancarias internacionales de platas calientes. Y aunque de acuerdo a ese mismo estudio se afirma que la cocaína colombiana sigue siendo propiedad del productor hasta que llega a su distribuidor final, es sabido que en zonas cocaleras al productor primario le pagan en rama y quien la compra, y asume los riesgos del trasporte generalmente, son mexicanos o albaneses y muy poquitos colombianos.
No se sabe si con el oro pasa lo mismo porque el que llaman legal,solo registra 4.100 millones de dólares de ingreso, y pocos se han atrevido a asomarse a ver de cuanta magnitud es el ilegal que se disfraza, pero quienes viven en territorios controlados por los ejércitos de los traquetos, que manejan, cuidan o intervienen en ese negocio del oro, saben que cada vez más se confunden a la hora del balance las divisas del oro y la coca.
Algún día, ojalá con Abelardo, se decretara una amnistía general a todos los productores de oro no autorizados por las hipócritas reglas del código minero y a cada uno de los inscritos se les otorgara licencia provisional mientras llena los requisitos ambientales o tributarios. Pero, eso si ,el oro debe volverlo a comprar el Banco de la República, como se hacía hasta que Gaviria y Hommes consiguieron que no se hiciera más.
Si ese control que se puede alcanzar sobre el oro se pensara sobre la cocaína sin que los gringos se emputen, este país sería muy distinto.
Gustavo Alvarez Gardeazábal
El porce, junio 24 del 2026
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